EL PUEBLO EN REBELDÍA

EL PUEBLO EN REBELDÍA

Consejo Político del partido-movimiento REDES

… a nosotros nos interesa el Pueblo hace tres siglos

en lucha, en rebeldía, buscando siempre nuevos horizontes transformativos, ampliando su libertad…

JB y HS

El compañero Álvaro García Linera (Vice- presidente de Bolivia) se pregunta: ¿si lanzamos una piedra a un vaso de vidrio y esta lo impacta rompiéndose, de quién es la culpa? ¿Es por culpa de la piedra que lo impactó? ¿Es cuestión de ambos? Y de ser de ambos, ¿en cuál de los dos objetos recae la responsabilidad principal?

La responsabilidad es principalmente del vaso y no de la piedra; ¿por qué? Porque si el vaso es de acero o de diamante, o de fibra de carbono podría incluso ocurrir que la piedra se fragmente sin hacerle daño al vaso. Esto significa que antes de opinar a la ligera hay que conocer la naturaleza intrínseca de la cosa, la composición interna del objeto. A primera vista la piedra lanzada es la que rompe el vaso, pero realmente el vaso se rompe por su estructura, por lo que lo compone, por su condición interna, en simples palabras por la configuración interna del objeto.

Queremos decir con esto que los factores externos, en este caso la piedra, siempre tendrán como objetivo romper el vaso, impactarlo y afectarlo, pero será siempre responsabilidad del vaso, su conformación interna, su fuerza y capacidad, la que determinará si la piedra logra o no su objetivo o le hace mella.

El imperialismo es la piedra, su naturaleza es dominar, utilizando cualquier tipo de poder, militar, económico, cultural, para extender e imponer su fuerza a cualquier resistencia o diferencia, por eso siempre buscará romper, dañar, destruir al vaso que en este caso son los Pueblos que se levantan en los distintos lugares del mundo.

Esta acción externa que es la piedra, en este caso, el imperialismo, sólo puede tener efecto debido a las condiciones internas con las que se constituye el vaso, con la que se constituye ese Pueblo, esa revolución, esa lucha.

Ante la actual situación en la que nos encontramos todos los venezolanos, la soberbia, prepotencia, sordera selectiva y negación de la realidad es la actitud menos inteligente y fuera de contexto ante una multi-crisis en desarrollo y una situación nacional muy difícil.

En situaciones complejas hay que revisar el estado de las cosas, revisar la configuración interna, fortalecer la estructura en que reposan las fuerzas aliadas, porque si bien de un aliado se espera lealtad y compromiso, el aliado también espera reciprocidad. Y no las piedras que promueve el imperio para dividir, socavar y amenazar. Porque una alianza política es fundamentalmente un acuerdo de carácter programático que permanentemente debe ser revisado, ajustado y corregido.

No se puede aspirar a la lealtad incondicional unilateral, donde uno de los polos de la alianza debe someterse a las condiciones que impone el lado más fuerte, so pena de ser castigado y descalificado, las alianzas políticas están cruzadas por tensiones que provocan desacuerdos, de manera que es el factor fundamental de la alianza el que debe velar porque dicha alianza se mantenga, sin exigir cosas distintas a las que ofrece y garantizar desde una relación asimétrica y de poder la posibilidad de que esa alianza se fortalezca, pues de lo contrario no sería una alianza sino una subordinación, una relación de esclavo- amo, de súbdito –rey, de dominantes-dominados.

Una alianza supone el reconocimiento de la diferencia y del otro y no puede pretender la unanimidad, el fundamento de una alianza es la búsqueda permanente de identidades y el trabajo respetuoso sobre las diferencias, autonomías, libertad, pues una alianza no es sumisión sino entendimiento consciente y acuerdo racional. Porque en una situación de alta conflictividad es posible que, en algún lugar del camino, se produzcan desencuentros y diferencias que por profundas que sean no deben ser insalvables.

El papel de los aliados (al igual que el del partido) es llevar a cabo la crítica, asumir las responsabilidades y asumir juntos la construcción de los nuevos rumbos comunes. No es posible que se le tienda la mano al enemigo, mientras se amenaza y descalifique a quien te ha acompañado en el camino y ha estado en las buenas y en las malas luchando junto al Pueblo.

Todos debemos estar convencidos de que podemos contribuir al debate fecundo, si este conduce a la renovación de los acuerdos necesarios, el diálogo entre aliados presupone la ausencia de prejuicios y la anulación de cualquier espíritu de vendetta descalificación o retaliación.

La crítica no es otra cosa que un momento para comenzar de nuevo, y para ser posible la construcción de una matriz explicativa y organizadora que sea de común acuerdo entre todas las partes y que permita avanzar. Si se mata la crítica siempre estaremos en el mismo punto.

Entonces la consideración del otro no puede quedar afuera, el respeto a su integridad, su honor y reputación, no es tan solo un detalle, aquí la forma es parte del contenido, en donde el desprecio y la amenaza no ayudan a evacuar la naturaleza de la crítica ni resuelve aquello que ha sido criticado; este tipo de desplantes son formas torpes de escurrir el bulto y de negar los problemas.

Lo mismo ocurre con aquellos que dicen que la crítica es imprudente porque le hace el juego al enemigo. Camaradas, lo que le hace el juego al enemigo es reiterar el error, encubrir los problemas, amparar los corruptos, sostener la estructura del “vaso de vidrio” del Estado Burocrático y Burgués que heredamos, no profundizar los procesos y no tenerle confianza al Pueblo, creer que el Pueblo ante el debate crítico se va a confundir o ruborizar; el Pueblo no es un crío, el Pueblo es un proceso de maduración de memorias y luchas, instantes, acontecimientos y discursos que elaboran un relato que se hace subjetividad política colectiva, en estado mayor de adultez.

De manera que la crítica es exterioridad del movimiento popular en su condición constitutiva. Es decir, donde no hay procesos críticos y autocríticos no ocurren transformaciones que hagan posible la corporeidad fáctica del Pueblo. Los Franceses tienen una frase: los Pueblos saben leer entre líneas, saben darle la vuelta a los discursos, por eso la comunicación entre el Poder y el Pueblo jamás ha sido lineal, en donde el Pueblo es el receptor pasivo de un mensaje que le llega de manera imperativa, en forma de una orden que debe ser obedecida.

Los Pueblos saben quién dice, qué dice, y con qué intenciones lo dice. En su libro “lo que hablar quiere decir”, Pierre Bourdieu reflexiona sobre los actos de habla y la verosimilitud y legitimidad que el Pueblo otorga a cada hablante en un momento crítico, cuando los referentes de la legitimidad y el poder son frágiles y movedizos. El Pueblo no es un rebaño que obedece órdenes o que sigue mansamente orientaciones verticales, el Pueblo es resistencia en rebeldía y recomposición discursiva.

Los que temen a la crítica o no se sienten parte del Pueblo o desconocen sus dinámicas interiores, son los que leen al Pueblo como el lugar de la unanimidad y no de la heterogeneidad. Y creen que su voz se proyecta como orden, como mandato.

Gracias al presidente Chávez se logró insuflar el espíritu crítico en las multitudes depauperadas hasta lograr convertirlas en el evento histórico que denominamos Pueblo en la calle, Pueblo-poder, Pueblo-soberano. De manera que un Pueblo no es otra cosa que un estado consciente de la subjetividad política colectiva de la crítica. De modo pues, que se cae de maduro aquel argumento peregrino que dice que no es el momento; a estos camaradas les contestaríamos: ¿quién decide cual es el momento?

Cuando leemos a Lenin en Las Tesis de Abril, podemos constatar que él respondía -frente a unos compañeros que actuaban bajo la tesis de que las condiciones objetivas no eran favorables- que en el capitalismo tales condiciones sí estaban, de suyo dadas para hacer posible una revolución; que hacía falta, más que condiciones objetivas, el papel de la voluntad política hecha acción.

Otro argumento peregrino es el que dice que la crítica confunde y divide al Pueblo, una vez más estamos en presencia del desconocimiento y la desconfianza que algunos sectores sienten por el Pueblo: ¿Desprecio? ¿Miedo? Fíjense, es todo lo contrario, la crítica y el debate clarifican y unen al Pueblo, eso lo demostró Chávez cuando abrió brecha llamando a constituyente en el año ´98 y muchos decían: el Pueblo es ignorante y no está preparado. Creer que el Pueblo se va a confundir con la crítica es subestimarlo, es no entender la acumulación de fuerzas y experiencias que van desde el caracazo hasta la dolorosa muerte de nuestro líder el Comandante Chávez.

Si asumimos que estamos asediados por la piedra permanentemente, entonces habría que postergar eternamente y al infinito el momento de la crítica, haciendo de esta practica esencial para la constitución del pueblo, una suerte de anomalía salvaje indeseada que debe ser extirpada cuanto antes.

Otro argumento es que la crítica le hace el juego al enemigo; lo que le hace el juego al enemigo es no tomar en cuenta la crítica y no corregir aquello que ha sido criticado, permitiendo que los errores, omisiones y fragilidades se profundicen con el tiempo y la piedra pueda lograr su objetivo. Lo que sí es sospechoso es dejar hacer, dejar pasar, pretender que nadie vea las fallas, que nadie se atreva a señalarlas por miedo a represalias y que la sociedad marche de manera unánime sin que medien espacios democráticos para el disenso y el consenso, entendiendo que sin crítica no hay democracia interna y sin democracia interna no hay crítica. Y sin ellas no hay democracia participativa y protagónica.

Negar esta dialéctica y suponer que cualquier disenso es ruptura y traición, es negar la naturaleza misma de la construcción hegemónica, a partir de una convocatoria unitaria. Siempre pueden producirse desacuerdos, desavenencias, incomprensiones, críticas, que no necesariamente implican una ruptura.

Otro argumento falaz es aquel que, apegado a la pragmática que Mao llamaba dialéctica, apuesta por atacar sólo la contradicción principal (el enemigo principal) sin comprender que si de dialéctica estamos hablando, la contradicción secundaria interactúa con la contradicción principal, y de no resolverse, en algún momento puede traducirse en una nueva contradicción principal, en la misma medida que allana el camino del enemigo principal, veamos el caso de la suerte corrida por los países del Bloque del Este, donde todos estos argumentos anteriormente puntualizados eran esgrimidos para justificar el pensamiento único.

La política es un campo dinámico, minado por acuerdos-disensos, contradicciones y pactos que van construyendo los campos de fuerza. Así las cosas, una política unitaria debe ser aquella que se asume como espacio para la solución permanente del conflicto que significa la intervención asertiva en el campo político, matar al mensajero para evitar que llegue una mala noticia no hace menos verdadera la mala noticia que el mensajero portaba, ni evitará que el vaso se rompa.

Sólo un fundamentalista como George Bush piensa la política sin matices, en términos de pares opuestos y destrucción mutua asegurada: “estás conmigo o estás contra mí”. Una política correcta pasa por admitir la unidad en la diversidad, el derecho del otro, a su espacio y reconocimiento, entendiendo que en política si el grande se come al pequeño no contará más adelante con el apoyo de los peces pequeños.

Nosotros, desde REDES, seguiremos perseverando tercamente en la dirección de la acumulación de fuerzas dignas por parte del Pueblo, seguiremos en las luchas del Pueblo, por todo el poder para el Pueblo, para que desde la autonomía de clases, del movimiento popular podamos profundizar, la democracia directa en la revolución bolivariana.

Seguiremos con una conducta expresamente anti-imperialista, anti-capitalista, contra-hegemónica, tal cual la demostramos el 12 de marzo del 2015 frente al decreto de Obama. En ese momento fuimos la única fuerza política que se puso en la calle en defensa de nuestra soberanía y del proceso revolucionario, desde una clara postura anti-imperialista.

Seguiremos apostando a las luchas del Pueblo, corriendo su misma suerte y siendo uno más con ellos y en ellos. Seguiremos pidiendo explicación de lo que no conocemos, no comprendemos o no nos ha sido explicado.

Seguiremos criticando aquello que vaya en contra de los intereses constituyentes del Pueblo y apoyaremos de manera entusiasta aquellas políticas que van en la dirección del Golpe de Timón proclamado por nuestro camarada Chávez y del empoderamiento del Pueblo.

¿En qué lugar y en qué posición nos coloca esto? Nos coloca al lado de los sectores revolucionarios que creen y luchan por el socialismo y nos coloca en situación estratégica de apoyo crítico al gobierno del presidente Nicolás Maduro, por eso no compartimos ni impulsamos la política de Referéndum Revocatorio, creemos que no es lo más conveniente para el momento que vive el país, por el contrario levantamos junto al Pueblo un programa de lucha para la rectificación, el reimpulso y el golpe de timón. Sólo escuchando la multivocidad que se abre paso desde el corazón del Pueblo y convirtiendo estas voces en programa, podremos acumular las fuerzas necesarias para salir del laberinto, dándole un giro, una torsión revolucionaria al momento político.

Recuperar la confianza del Pueblo pasa por oír su corazón, y desde allí lanzar la flecha que el enemigo quiere clavarle. Romper el equilibrio inestable del que hablaba Gramsci y Chávez y avanzar en la construcción hegemónica sólo es posible desde la reinvención creativa del chavismo y esto a su vez tiene como precondición, la búsqueda intransigente de las verdades que el Pueblo construye desde sus luchas, deseos y anhelos. El deseo político chavista sigue intacto en el seno del Pueblo, sólo basta con que todos seamos un “tilín” más humildes y hagamos del diálogo, la crítica y el reconocimiento del otro un hecho cotidiano.

No es el momento de los enfrentamientos internos y de las exclusiones, es el momento del abrazo constructivo y del relanzamiento de un acuerdo programático que apunte en la dirección de un proyecto bolivariano popular nacional y antiimperialista, en ese lugar, reconociendo nuestras diferencias es que podremos tener la madurez para construir la unidad y la coincidencia.

No debemos despilfarrar el caudal político logrado por Chávez, debemos reconocer nuestros errores, admitir nuestras derrotas de manera autocrítica y rectificar nuestros errores de cara al Pueblo, todos tenemos que asumir con humildad nuestros grandes errores para poder darle paso a una dirección política colectiva donde el Pueblo sea el protagonista en la toma de decisiones. TODO EL PODER PARA EL PUEBLO…

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE…

juanbarretoc@gmail.com

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